RASGOS SOCIOECONOMICOS DE LOS EMIGRANTES A INDIAS.
Primera parte
LA EMIGRACIÓN A INDIAS
Hace unos años, con esta misma ocasión, daba a conocer el valor que los fondos documentales concernientes a capellanías tienen para diversos temas de las relaciones hispano época colonial. No viene al caso repetir por tanto dichos asertos y nos remitimos a ellos a manera de introducción para comprender mejor lo que a continuación se expone. (1) Además, desde entonces y en parte recogiendo más o menos aquel aporte, varios autores han seguido dicha línea temática en otros casos concretos, regionales o locales.
Fundamentalmente insistía en el valor que la documentación de capellanías, junto y como complemento de la relativa a bienes de difuntos (conservada ésta en el Archivo General de Indias), tiene para varios temas: emigración, aspectos económicos, sociales, culturales y artísticos a un lado y otro del Atlántico. Fijémonos ahora en el primer tema: es emigración.
Uno de los fenómenos más llamativos, importantes y trascendentes desde el descubrimiento de América es el de la emigración, que se produce desde 1492 y que no tendrá ya final, cobrando actualidad en nuestros días, proponiéndose a veces como panacea para distintos problemas actuales. Pese a su trascendencia y actualidad sigue siendo uno de los temas más desconocidos del pasado colonial.
Se han barajado cifras y afortunadamente se siguen publicando los catálogos de pasajeros, que ojalá estén completos en unos cuantos años más. Se han rebatido estas cifras y especulado sobre su validez como índice para cuantificar la emigración. Se insiste hasta la saciedad en destacar porcentajes de participación regionales, contrastando regiones y provincias con otras. En fin, aunque es importante medir y calcular cuántos, cuándo, de dónde y adónde fueron, ya es hora de fijarse en quiénes fueron, por qué se fueron y qué hicieron. Sin llegar al estudio biográfico individual, se propone ahora la biografía de grupos, destacando similitudes y rasgos diferenciadores, que además ya ha sido realizada para distintos casos y temas en la historia colonial hispanoamericana. Con ello se conseguirá un conocimiento más profundo de las causas de la emigración, de sus repercusiones a uno y otro lado del Atlántico y en definitiva la conformación social, cultural y económica hispanoamericana. Cuando se habla o escribe de la colonización española en América, con frecuencia se suele caer, o se aproxima a la caída, en alguno de los muchos tópicos, de un sentido u otro, que dicho tema conlleva. De estos españoles salidos para Indias en la Edad Moderna se pinta con frecuencia la imagen de los típicos aventureros, cuasi de Far West, buscadores del Dorado y Amazonas; nuevos «santiagos mataindios» enzarzados en cruelísimas y cruentísimas batallas con los aborígenes; insaciables explotadores de indios; violadores incontinentes de las indias e incansables expoliadores de las Indias. Otros hablan de héroes y semidioses, beatíficos patriarcas y evangelizadores ejemplares, destacados en grandes descubrimientos, conquistas, hechos y batallas.
De los «grandes capitanes» se ha escrito, en uno u otro sentido, hasta la saciedad, aunque queda aún una legión de ellos por conocer más a fondo y no sólo en las grandes batallas. De sus huestes también, aunque con menor insistencia. Y la imagen que estos proporcionan se ha ofrecido, por desconocimiento, para el resto de emigrantes en los diversos siglos.
Incluso si se quitan las celadas, armas y caballos a estos primeros guerreros tal vez se encuentre tranquilos colonos, más preocupados en acrecentar sus haciendas, rentas y encomiendas, a las que dedicaron mucha mayor parte de su vida que no los pocos años o meses que ocuparon en batallas, conquistas y descubrimientos. Pero además la inmensa mayoría de los miles de peninsulares marchados al Nuevo Mundo, lo hicieron en calidad de colonos para ejercer un sin fin de profesiones y ocupaciones en cuyo ejercicio pasaron toda su existencia, sin destacar en hazaña de armas o méritos relevantes por el estilo. Poblaron las nuevas ciudades fundadas por los primeros; se agruparon en nuevas villas, asientos o poblados; levantaron sus casas, molinos, ollerías, herrerías, tejares, obrajes, galpones y tiendas; sembraron sus huertas con frutas, hortalizas y árboles «de Castilla»; sus heredades de viñas y pan sembrar; sus estancias de ganado porcuno, cabrío, caballar, vacuno y lanar; fundaron nuevas familias indianas, roturaron los campos, extendieron los límites de los asientos hispanos y en definitiva colonizaron a su manera y estilo aquella tierra.
De estos colonos casi nada se sabe y es de ellos de los que quiero ocuparme a continuación. Para profundizar el tema y por ventajas que ofrece en cuanto a número de emigrantes y documentación variada disponible, elegí el caso de Guadalcanal que puede ser extendido a otros pueblos y villas de la geografía peninsular. De todos los indianos de dicho pueblo, por limitaciones propias de esta comunicación, se ofrece a continuación una muestra. Para ella me he valido de la información que proporcionan la documentación referente a capellanías, que se encuentra en el Archivo Arzobispal de Sevilla, y cuyas características di a conocer en otra ocasión, la relativa a bienes de difuntos del Archivo General de Indias y otra complementaria, al igual que escasa bibliografía. (2)
Hay que advertir que, si alguno de los indianos reseñados no conoció los años del siglo XVII, sus mandas y legados a Guadalcanal surtieron efecto en dicha centuria por distintas causas y es por lo que se consignan, pese a la delimitación cronológica de estas Jornadas.
INDIANOS ANDALUCES
También di a conocer anteriormente diversos factores que incidieron en el movimiento migratorio de los naturales de Guadalcanal al Nuevo Mundo, destacando la vinculación y proximidad del pueblo a Sevilla y el asentamiento en Indias de distintos vecinos que atrajeron a parientes y paisanos. (3)
Desde fechas inmediatas al Descubrimiento se encuentran relaciones comerciales entre Guadalcanal-Sevilla-Indias, sobre todo en despachos de vino y el pase de mercaderes y emigrantes. (4)
Hay que recordar que el fenómeno migratorio de Guadalcanal realizará fundamentalmente durante el siglo XVI, se si bien continúa en la primera mitad de la centuria siguiente, a menor ritmo, para casi desaparecer a partir de 1650, al menos por lo que demuestran los datos conocidos hasta ahora. Los territorios de máxima atracción serán, en ambos siglos, por mayoría absoluta, Nueva España, seguida de las Antillas y el Perú. Luego se verá cómo en estos ámbitos existen determinados centros o ciudades con varios vecinos de Guadalcanal ya asentados o llegados en diferentes fechas.
Para los períodos de emigración conocidos en el XVI (1506-1540; 1554-1577) se contabilizan 315 individuos de la villa que pasan con frecuencia en grupos familiares. Dicha emigración, aún con el vacío informativo de la etapa 1541- 1553, se efectúa fundamentalmente entre 1527 y 1565. Teniendo en cuenta este factor, que hace pensar en un elevado número de emigrados desconocidos para los años en que no existe documentación, más los que faltan por conocer entre 1577 y 1600, sumados los que se escapan de registros y controles oficiales en su paso al Nuevo Mundo, darán, como mínimo, una cifra superior a los 500 para todo el XVI. Pese a todo, teniendo en cuenta que el número de almas de Guadalcanal en dicho siglo se calcula en unas 5.000 hallamos que, como mínimo un 10 por ciento de la población pasó a Indias. (5)
De estos 500 emigrantes que se calcula, se ha logrado una muestra de 20. La proporción indica que cuantitativa una muestra representativa, pero sí lo puede ser no es cualitativamente.
Con respecto a los seleccionados hay que advertir que tienen distintas motivaciones y limitaciones en su elección como muestra: son los que están «más a mano», aquellos cuyo rastro documental es más próximo, al estar incluidos en las listas de bienes de difuntos del A.G.I. o entre los fundadores de capellanías en las listas de las mismas del Archivo Arzobispal de Sevilla.
Ahora bien, dichas premisas no significan que por ello tenga que ser un grupo homogéneo en origen, comportamiento, fortuna, etc. Su aparición entre la documentación de bienes de difuntos sólo conlleva, generalmente, que murió, con testamento o sin él, en Indias, sin herederos forzosos allí, o bien que el total o parte de su hacienda fue reclamado, por una causa u otra, desde la Península.
En cuanto a la fundación de capellanías u obras pías, para nada delimita el status social o económico del individuo, y que las mismas oscilan en cuantía sin que tuviera que existir un máximo inalcanzable para amplios sectores, como en el caso de los mayorazgos, o un mínimo tal que fuera igualmente difícil de conseguir. Posteriormente se desarrollarán estos asertos al analizar las características del grupo.
Si por una parte la documentación de bienes de difuntos, como su nombre indica, es más precisa en cuanto a los de cada uno de ellos por incluir generalmente su testamento o almonedas, así como los reclamantes en la Península, los de capellanías agrandan el panorama del entorno familiar y social de cada fundador en Guadalcanal; informan del destino posterior de estos caudales y su inversión en el pueblo, si bien omiten muchos datos de su actividad o rastro en América, ya que a este efecto sólo se suele incluir la cláusula del testamento en que se refiere a la capellanía u obra pía.
Pese a la relatividad de la información siempre obtenemos más riqueza de datos que la proporcionada por la simple licencia de embarque o lista en catálogos diversos. Pese a todo, y más que biografías completas, podremos trazar un perfil sociológico de este grupo cuya semblanza e imagen se podrá trazar y adivinar con sucesivas investigaciones.
SEMBLANZA PERSONAL Y FAMILIAR
La primera característica más destacable de los 19 seleccionados es la mayoría absoluta de varones frente a una sola mujer.
Mientras en la lista de capellanías de Guadalcanal, india encontramos un sin número de fundadoras, en las de bienes de difuntos son escasas las hembras que aparecen, y no solamente para esta villa sino para el resto peninsular. Sin duda ello se debe a que pocas mujeres fueron «sueltas» o desparejadas a Indias o siguieron en tal estado allí, mientras que los varones sí lo hicieron con frecuencia. Por otra parte, gran cantidad de mujeres del pueblo habían acompañado a sus maridos, hermanos o parientes a los distintos lugares del Nuevo mundo donde se establecerían más tarde, como Mariana Vélez de Ortega, una de las primeras que llegaron a la Nueva España. (6)
Pocos datos se conocen de la edad al pasar a Indias, al fundar las capellanías o al testar. En el momento de su viaje se puede adivinar, por referencias, la de dos o tres: un hombre adulto que deja hijos jóvenes en el pueblo y otro casado en segundas nupcias que dejaba varios hijos de ambos matrimonios. Al testar se supone, por distintas referencias, que la mayoría lo hace a una edad avanzada (dentro de la esperanza de vida del Antiguo Régimen): uno lo indica expresamente al estar en cama poco antes de morir y no poder firmar por su estado; otra, la única mujer, (Beatriz del Castillo), al estar presente en su testamento un nieto como testigo. Del resto se deduce por la edad de sus hermanos, hijos y sobrinos en España.
En cuanto al estado civil se conoce directamente siete casos en que queda especificado en la documentación y mayoritariamente lo especifican los casados. En cuatro casos más podemos pensar que, por su testamento y final de sus bienes, se trata de hombres solteros a quienes heredan sus hermanos, sobrinos o parientes. No hay pues ninguna similitud en ellos. Salvo uno casado en América, con mujer de distinta natura los casados habían dejado sus familias en la península regional, y sus mujeres eran igualmente de Guadalcanal o pueblos próximos (Llerena). Beatriz del Castillo, muerta en Salta, era viuda de un Alonso González Sancha, con quien debió pasar a Indias, y era posiblemente del mismo pueblo que su mujer, por sus apellidos.
Cinco de los casados dejaron descendencia legítima en España o Indias; uno, más abundante mestiza (cinco frente a uno) y otro que no la tuvo de su matrimonio, sí la consiguió en América teniendo un hijo mestizo. En cuatro casos más, sol sabemos que no tuvieron descendencia legítima y en el-teros, resto de los casos se ignora.
No obstante, abundan los datos sobre los parentescos de estos individuos en Guadalcanal e incluso entre sí. Prácticamente todos dejaron hermanos en el pueblo (de uno a cinco siendo más frecuentes dos o tres); dos estuvieron acompañados por uno de ellos en América y algunos presentan ciertos parentescos. Entre todos encontramos en distintos lugares y fechas a Luis Funes de Bonilla, Juan Bonilla Mexía, Alonso de Bonilla y Gonzalo de Bonilla Barba, parientes por el apellido común, en distinto grado; Antonio de Bastidas, pariente también de los anteriores: y a Diego Ramos Gavilanes y Álvaro de Castilla, igualmente parientes.
Notas.-
(1) Ortiz de la Tabla Ducasse, Javier; Emigración a Indias y fundación de capellanías -en Guadalcanal. Siglos XVI-XVII, en «Actas de las I Jornadas de Andalucía y América». Huelva, 1981, tomo I
(2) Los expedientes y documentos de capellanías se encuentran en la sección Capellanías (C) del Archivo Arzobispal de Sevilla (A.A.S.), en los siguientes legajos: 856-3; 858-5; 859-6; 860-7; 862-9; 866-13; 871-18; 837-20. Los relativos a bienes de difuntos se hallan en la sección Contratación del Archivo General de Indias de Sevilla (A.G.I.) en los siguientes legajos: 202-10; 203-12; 256 A-1; 264-9; 276-1; 276-2; 312-9; 316-A; 326-A; 351 B; 362-7; 378-3; 381 A-3.
(3) Ortiz de la Tabla Ducasse, Javier: op. cit., págs. 450-454.
(4) Vid. Catálogo de los Fondos Americanos del Archivo de Protocolos de Sevilla. Sevilla, 1930-1937, 5 vols., y, Bermúdez Plata, Cristóbal: Catálogo de pasajeros a Indias, 1509-1559. Sevilla, 1940-1946, 3 vols. y Boyd-Bowman, P.: Índice geobiográfico de 40.000 pobladores españoles de América en el XVI. Bogotá, 1964 y México, 1968, 2 vols.
(5) Ortiz de la Tabla Ducasse, Javier: op. cit., págs. 448-449.
(6) Bovd-Bowman, P.: op. cít., tomo II, pág. 263.
JAVIER ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE
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