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sábado, 8 de marzo de 2025
Guadalcanal Monumental 14
sábado, 14 de septiembre de 2024
Reflexiones
Los niños de los años cincuenta de Guadalcanal
El agua se desparrama por el pretil de la ancha alberca de la huerta. Va calentar el sol cada vez más y la tierra, reseca, acoge agradecida el reguerito de agua fresca derrama la alberca.
A
las dos de la tarde, el campo en verano se deja aplastar por el calor y el silencio.
Sólo un moscardón o un gran abejorro zumba inquieto sin que sepamos nunca
dónde está. La calina derrite los sesos de un pollino, inmóvil como una gran figura
de peluche desvaído, que se acoge a la
sombra de una higuera enorme que hay unos pasos más No se inquieta el asno por los movimientos y las
voces estridentes del grupo de chavales que chapotean en la alberca redonda y grande. Ahora uno de ellos,
apoyándose en el borde salta fuera ágilmente. Lleva un bañador oscuro,
azul marino, con peto y tirantas. Es un bañador
de esos que eran comunes allá por los años cincuenta cuando apenas hacía poco más de diez años que había concluido la guerra
civil.
Entonces, todavía
nadie pensaba en democracias ni en políticas. España comenzaba a levantarse de una catástrofe espantosa que había costado las mejores
vidas de gente en uno y otro bando.
Comenzábamos a olvidar. Las heridas sanaban, quedaban cicatrices enormes en los
pueblos
y en las almas, pero el mundo entero estaba, por fin, en paz después de sufrimiento y de tanta locura, y las puertas de la
esperanza se nos iban abriendo poco a poco. Eran,
todavía, años de penuria, de escasez, con los cementerios demasiado llenos y
las despensas demasiado vacías. Se comía
mal y poco, se remendaban las camisas y los zapatos, se parcheaban las perolas y los cubos y se les
daba la vuelta a los abrigos y las chaquetas.
Los que entonces éramos niños nada sabíamos
de huelgas, ni de reivindicaciones laborales,
ni de injusticias sociales. Veíamos a nuestros padres luchar a brazo partido
con la vida para llevar un jornal al
hogar y les admirábamos por su tesón y su constancia. Oíamos que en Sevilla los estudiantes tumbaban tranvías,
en lucha con los “grises”, sin saber muy bien por qué lo hacían y nosotros, por solidaridad con ellos, hacíamos
novillos en la escuela. Pero nada más. Todo el que tenía un trabajo
procuraba cumplir y conservarlo sin querer pensar en más, porque apenas si
había derechos y sí muchas obligaciones...
Después, las hojas del
calendario fueron sucediéndose una a otra con vertiginosa rapidez. Los años, la
vida, volaban. Mil novecientos sesenta, sesenta y cinco, setenta... Francisco Franco, el Caudillo salvador de España
para unos, el tirano para otros, admirado y odiado
a un mismo tiempo, acaba sus días y se presenta ante el juicio de Dios a rendir cuentas de sus actos. Y ante los españoles
se abre un nuevo capítulo de la Historia. Muchos malintencionados y muchos oportunistas, que aguardaban su momento, salen a la luz. “Ahora somos libres” se
escucha por doquier. Pero la Libertad es un arma de doble filo, sirve para todo y para todos. Con ella y en su nombre,
se puede hacer el bien y el mal, se puede trabajar generosamente por los demás y se puede
trabajar egoístamente por uno mismo. Se puede jugar limpio y se puede mentir... Y, sin embargo, es
la gran riqueza del ser humano.
Ahora,
en mil novecientos noventa y cuatro, en la madurez de nuestras vidas, los niños
de los años cincuenta, que no fuimos educados en los difíciles vericuetos de la
política, nos encontramos,
tal vez, desorientados en lo más íntimo de nuestro ser.
Tenemos,
tiene España, la gran oportunidad de progresar en paz y en libertad y está quedando atrás ya el sarampión
desorientador de los primeros años de democracia.
No son estas páginas el lugar idóneo
para vaticinios políticos, ni para mostrar preferencias, y no voy a caer en ese ridículo, pero tengo derecho a
preguntarme a mí mismo y a todos,
noblemente, hasta dónde estamos dispuestos a dar para salir adelante. Sí, tengo
derecho, y lo tenemos todos los
españoles, a pedir que sean barridos todos los vividores y todos los
oportunistas, sean quienes sean y del color que sean, para que un viento de honradez y limpieza refresque nuestra patria, nuestras
ciudades, nuestros campos y nuestros pueblos
Para
que todos seamos uno solo, codo con codo, en el común afán de un futuro
mejor nuestros hijos.
REVISTA DE FERIA Y FIESTAS – 1994
sábado, 24 de agosto de 2024
Nuestra Historia 4
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Recopilación Revistas de Guadalcanal. Años 1960 - 1969 - 1972 - 1988 Asociación Cultural Benalixa |
sábado, 13 de julio de 2024
Nuestra Historia 3
Los enterramientos en la iglesia de Santa Ana
En ocasiones, bien por saturación o por voluntad del difunto, se recurría a las iglesias del Espíritu Santo, la Concepción, los Milagros, San Francisco y quizás algún convento u hospital más. Hay evidencia de restos humanos hallados en la explanada que circunda a Santa Ana, lo que demuestra que antiguamente también se usó aquel terreno.
El barrio de Santa Ana comprendía las calles de Juan Pérez, Fox, Granillos, Santa Ana, Berrocal Grande o Espíritu Santo, Berrocal Chico o calle Alta, Larga de San José, llamada antes calle del Arco y Sevilla fuera, Calleja de Miera, Calleja de la Jara, Cotorrillo, Calle del Triángulo o Altozano Bazán, San Bartolomé, Valencia, Carretas, Tres Cruces, llamada antes Bodegas, Cuesta de Santa Ana y Plazuela de Santa Ana, y todos los vecinos fallecidos en ellas eran sepultados en dicha parroquial.
Entre las personas ilustres que descansan en ella, se encuentra el Vicario don Juan Pérez, que fue cura de esta iglesia a finales del siglo XVI y principio del XVII, que tenía sus casas de morada en la calle que tomó su nombre y todavía es conocida como calle Juan Pérez. También yace en ella don Cristóbal Gordón, caballero de la Orden de Santiago, Vicario y Juez eclesiástico de Guadalcanal, fallecido a mediados del siglo XVIII, habiendo sido cura de Santa Ana durante cuarenta años.
Existían varias clases de enterramientos en las bóvedas, con precios que iban de tres a veinticuatros reales; muchos se sepultaban en las capillas, como la de la Virgen del Carmen, Cristo del Buen Socorro, altar de San Marcos, San Isidro, etc., existiendo algunas lápidas en el suelo y en las paredes, algunas de ellas legibles y rotas, como la situada en la puerta de la iglesia con el nombre de Antón Martín, muy antigua. También en el altar mayor, aparece una lápida donde reposan los restos de la familia Castilla.
En febrero de 1849 se saturó de cadáveres y se convirtió la capilla del convento del Espíritu Santo en cementerio destinado para los fallecidos de Santa Ana hasta julio del mismo año.
En julio de 1855 se inauguró el
cementerio común en los llanos de San Francisco, quedando así hasta nuestros
días, por lo que, los que no habían cumplido diez años en ese fecha quedaron
para siempre en Santa Ana, y según los libros de defunciones he contabilizado
195 párvulos y 161 adultos, que hacen un total de 356 difuntos los que se
encuentran bajo las losas de Santa Ana, además de miles de restos.
Después de la última restauración de esta
iglesia, todos los restos fueron depositados en la zona del altar mayor
Antonio Gordón Bernabé.
Revista de Guadalcanal 1981
sábado, 11 de noviembre de 2023
Guadalcanal año a año
Vemos el programa de la feria de ganado y fiestas del 1928, del 4 al siete de septiembre, organizados por la comisión de festejo, siendo presidente de la misma, Don Ignacio Vázquez, alcalde Don Guillermo Alvarado y actuando de secretario Don Adrián Salinas. La inauguración fue el día 4 a las 7,00 horas de la mañana con un pasacalles amenizados por la banda de música de la localidad dirigida por el profesor señor Escote, el día 6 a las 18,00 horas solemne procesión de Nuestra Señora de Guaditoca, patrona de la localidad, organizada por su Real Hermandad, con acompañamiento de las Autoridades, Banda Municipal de Música y de Tambores y Cornetas, durante el recorrido se dispararán numerosos cohetes y tracas. Por las noches, bailes de sociedad, conciertos, circo (Circo París), teatro, cinematógrafo, fuegos artificiales y otros festejos. Igualmente, se anunciaban el comercio de la localidad y la zona, como PURIFICACIÓN R. FRESNO -Fábrica de harinas y panificación esmerada-, ALBERTO DE LA HERA -Farmacia, droguería y perfumería-, JOAQUIN GARCÍA CALDERÓN -Transportes de mercancías y viajeros, servicio a la estación de tren-, CASA ROMERO – Bisutería, mercería y novedades-, FONDA DE MISERICORDIA - Casa especial para viajeros, amplías y ventiladas habitaciones, limpieza absoluta y cuarto de baños-, JULIO BARRAGAN CORDOBÉS -Paquetería, mercería, perfumería, ferretería, calzados y armas y explosivos de todas clases-, MANUEL NAVAS - Sombrearía-, SANTA CLARA – Molino de aceite, fábrica de harinas y panificación-, ADRIANO ATALAYA RIVERO -Almacén de calzado-, MARCOS ALVARADO Y TENA -Fabrica de aceite de oliva y orujos, jabones y sulfuros-, JUAN ATALAYA ROMERO -Colonias, paquearía, quincalla y vinos.- MANUEL BAÑOS MÁRQUEZ - fábrica de curtidos-. Y otros establecimientos, algunos de ellos han perdurado durante todo el siglo XX a través de sus sucesores.
En
esta canturía, la revista ha tenido diferentes nombres, como EL COMERCIO DE
GUADALCANAL -Revista ilustrada-, FOTO Y LUZ -Revista de feria-, GUADALCANAL.
Revista de feria o feria y fiestas-, PROGRAMA OFICIAL DE LOS FESTEJOS, REVISTA
DE GUADALCANAL, y otras, simplemente ponían en su portada GUADALCANAL y el año.
La revista durante tantos años ha pasado por varios estilos y contenidos,
algunas de ellas, se limitaban simplemente al programa oficial de la feria,
otras, la mayoría han contado con gran variedad de artículos y poesías, de guadalcanalenses
y gente que ama Guadalcanal.
La
revista no siempre tuvo una cadencia anual, pero fue a partir de los años 70 cuando
cogió su redacción y dirección Rafael Rodríguez Márquez, nuestro añorado amigo “Rafalito
Electrovira” cuando realmente la edición tuvo continuidad hasta nuestros días, Rafael
aparece por primera vez en el año 1969 con su artículo “REYES MAGOS”, en el reflejaba
en aquella época los escasos juguetes que nos traían a los niños “el flaco
caballo de cartón o la ruidosa chirriera,..” después siguen apareciendo sus
artículos, año tras año, todos ellos relacionados con Guadalcanal, en el año
1973 aparece en el consejo de redacción de la revista, a partir del año
siguiente coge la dirección hasta el 1985.
Con Rafael a pesar de la diferencia de edad y
que yo he vivido desde los nueve años fuera de Guadalcanal, me unía una amistad
especial, tal vez nos unió nuestro amor por nuestra villa, como a tantos otros.
Era la única persona que me llamaba en el pueblo Aguilar, mi segundo apellido
por línea materna, tal vez por la amistad que le unía con mi tío Antonio, con
el que compartía primer apellido y su gran pasión por el Guadalcanal CD, de los
que ambos formaron parte de la directiva.
Todos
los veremos cuando iba a la feria me tenía guardada la revista, recuerdo que en
el año 82 hablando con él en la puerta de la Puntilla, me comentó que estaba
buscando un libro de poesía en las librerías de Sevilla y no lo encontraba de
Agustín Capitán Álvarez, otro ilustre escritor Guadalcanalense poco conocido,
le ofrecí que me diese el tirulo y yo se lo buscaba en Madrid, finalmente lo
localicé en una librería de viejo de la Cuesta del Moyano de Madrid, se lo
llevé en Navidades y me regaló un estuche con una pluma y un bolígrafo de la
marca Inoxcrom, que guardo en mi escritorio como un tesoro.
Cuantos y cuantos artículos, trabajos de personas de nuestro pueblo o muy amantes de él a través de los años, artículos que nos ha enseñado la historia de Guadalcanal, sus monumentos, sus hijos ilustres, el sentir y el pensar de nuestra gente, escritores, poetas e historiadores como los mencionados anteriormente Agustín Capitán y Luis Chamizo, u otros relevantes Manuel Maldonado Fernández, Antonio Gordón Bernabé, María Dolores Gordón Peral, Juan Collantes de Terán, Jesús Rubio, Antonio Fontán, Antonio Burgos, Andrés Mirón, Alberto Bernabé Salgueiro, Salvador Hernández González, y tanto otros, que unir a la lista interminable de Guadalcanalenses o foráneos, como José F. Titos Alfaro, Pedro Porras Ibáñez, Leopoldo Tena, Rafael Rodríguez Márquez, Ignacio Gómez Galván, José Baños Carmona, José María Álvarez, José Vázquez Márquez, Rafael A. Rivero del Castillo y un largo etcétera, entre los que humildemente me incluyo. Sin olvidar por último en esta larga lista a José Luis Ceballos y Antonio Murillo (Muri) que con sus historias futboleras nos han recordado las vicisitudes y anécdotas de nuestro equipo de futbol.
La
revista y el formato que actualmente conocemos se debe en parte a Ignacio Gómez
Galván que en los dos periodos que ha estado en el ayuntamiento como concejal, ha
llevado la dirección y le ha dado un formato más actual.
Teruel, mayo 2021.
Publicado en la revista Guadalcanal 2021
domingo, 4 de junio de 2023
Historia de mi vida
Años para recordar
Revista de feria 1995
domingo, 7 de mayo de 2023
Guadalcanal y su presencia en América
La antigua carnicería
Y se quite de
tal negocio por la reverencia que se debe tener
El día 30 de junio, recibí una llamada
telefónica de Guadalcanal de D. Ignacio Gómez Galván reciente Concejal Delegado
de Cultura, diciéndome que era un colaborador veterano y que no podía faltar mi
artículo para la Revista.
Yo le di las gracias por su amabilidad y
simpatía, pero este año no recibí la invitación para hacerlo y aunque ya
quedaba escaso tiempo, pues un artículo de calidad no se escribe en un momento,
intentaría complacerlo. Hoy les ofrezco una primicia que tenía guardada desde
hace más de treinta años, cuando estaba buscando datos de capellanías sobre mis
familiares Baltasar Gordón, Benito Carranco de la Pava, Bonilla, Gálvez,
Ortega, Parra, Yanes-Camacho, de Cote, etc. Diego Ramos de León el Rico que era
hijo de Diego Ramos el Viejo de Elvira Rodríguez de León, marcho a Indias en la
primera mitad del siglo XVI y se asentó en México. Allí testó en 1556 y murió.
Mando fundar dos capellanías, una en el convento de San Agustín de México y
otra en Guadalcanal, en la iglesia de San Sebastián, esta con 3.000 ducados
para decir misas por su alma y la de su familia. Eran sus hermanos García Ramos
el Viejo, Alonso Ramos Rico y Rodrigo Ramos de León el Viejo. Mandaba que con
ese dinero se comprara además una carnicería que se hallaba junto a la iglesia de
San Sebastián "y se quite de tal negocio por la reverencia que se debe
tener" según consta en la manda testamentaria. En estos casos solía
intervenir el Santo Oficio de la Inquisición. En un caso semejante pero más
grave, en el mismo siglo en Usagre, se mandó derribar las paredes de la casa y
que nunca más se edificara en el solar, cosa que yo he presenciado. Esto me
hizo pensar si en Guadalcanal se procedió igual pues siempre me extrañó ese
rincón sin construir en la calle Santa Clara. Lo cierto es que la
"carnecería pública" se puso próxima a la Almona, cerca de la calleja
del matadero que estaba en la cava del Palacio. En el siglo XVIII aparece una
carnicería particular en la casa de Cristóbal Ximenez Caballero, en la calle
San Sebastián cercana a la iglesia.
En el siglo pasado, en los años cuarenta y
cincuenta, recuerdo haber visto por allí un puesto de churros y si no recuerdo
mal, también se vendió carne y pescado en la parte del rincón. Era la memoria
popular de la tradición antiquísima. Diego Ramos dejó otra manda de 1.000
ducados para edificar una capilla con retablo pintado con un crucifijo, Nuestra
Señora y San Juan, con arco y reja de hierro, donde iría su nombre y con
derecho de enterramiento de las personas de su linaje. Nombró patrono de la capellanía
a su hermano Rodrigo Ramos y a falta de él, su hijo Alonso Ramos, el de la
capilla de Santa María, y a falta de ellos, a su sobrino García Ramos de León y
por último al pariente más cercano que podía ser Hernando Ramos el Rico. Este
sobrenombre podría deberse a la riqueza o bien al apellido Rico de sus mayores,
pues lo llevaban todos. Deja por patrono en último extremo, al guardián del
convento de San Francisco de Guadalcanal, que lo era Fray Francisco Serrano. La
capellanía contaría con dos capellanes -uno de su familia- y era servidera en
la iglesia de San Sebastián, donde Diego era feligrés. Si Diego Ramos levantara
la cabeza vería con horror que, para colmo, su iglesia se había convertido en
un mercado en los años cincuenta, lo que prueba la crisis de valores que se
sufre en esta época que vivimos, crisis que se quiere solucionar por medio de
psicólogos, cuando la solución está en recuperar los valores de nuestros
antepasados, la fe, la dignidad, la moral, la honradez y la hombría de bien.
Revista e Feria 2003
Mis relaciones con Hispanoámerica
Vd. y yo resultamos parientes
Estando de médico titular en Extremadura,
concretamente en Casas de Reina y Reina, iba con frecuencia a Madrid en las
vacaciones, para hacer investigaciones históricas y en una de ellas, a primeros
de los años ochenta, conocí a D. Alfonso de Figueroa y Melgar, duque de Tovar y
Grande de España, descendiente del Gran Maestre de la Orden de Santiago,
Lorenzo Suárez de Figueroa, que estaba interesado por sus ascendientes de
Llerena y Guadalcanal y al cual le proporcioné muchos datos de los archivos de
ambos pueblos. Nos hicimos muy amigos y me presentó en la Real Academia de la
Historia para investigar.
Posteriormente marchó a Hispanoamérica y
después fijó su residencia en New York, donde se dedica a cuestiones
nobiliarias y genealógicas. Por medio de él me han escrito muchos académicos e
historiadores de Argentina, México, Perú, Ecuador, interesándose por familias
de Guadalcanal, pues son descendientes de conquistadores que marcharon del
pueblo en el siglo XVI y se enteraron que yo dominaba las genealogías de
Guadalcanal y de todos los pueblos del sur de Extremadura.
De Córdoba en Argentina tengo una carta de
1991 que dice: "Mucho agradecería de su gentileza si me orientara en
la investigación relativa a mis ancestros y como según Alfonso de Figueroa es
usted una autoridad en cosas de Extremadura, quedo, pues, lleno de ilusión
respecto de recibir sus noticias quedando a sus gratas órdenes".
Una de las cartas últimas, recibida en
octubre de 2003 procedente de Quito (Ecuador), dice lo que sigue: "Muy
señor mío: Soy como Vd. médico de profesión y me encanta la historia, dirijo la
Academia Nacional de Historia de este país y me place ponerme enteramente a
sus órdenes. Su nombre lo debo a nuestro común amigo Alfonso de Figueroa quien
le envía muchos recuerdos.
Tengo verdadera devoción por Guadalcanal,
pues es la tierra de los linajes más viejos del Ecuador actual. Sus grandes
troncos en el siglo XVI y de donde descendemos la mitad del país.
Alfonso me ha ponderado que, aparte de sabio, es Vd.
muy generoso con sus conocimientos, de tal manera que quedo con la inmensa
ilusión de recibir sus datos y orientaciones.
Le ruego recibir mis más atentos y cordiales saludos y
recibir mi agradecimiento más profundo".
Otra carta posterior: "Muy estimado
amigo: Con enorme alegría recibo su carta con noticias preciosas, tiene Vd. una
erudición formidable, su obra no puede quedar inédita, aquí editamos
gratuitamente dos libros inéditos de genealogía por año, con tiraje de
trescientos ejemplares, pero para Vd. podríamos subsanarlo. Sería un honor
publicar su obra.
Me encantaría proponer su nombre para la
Academia que será aceptado con orgullo y regocijo. Alfonso me encarga muchos
recuerdos”.
Con todo lo dicho, quiero hacer constar el
interés que demuestran los hijos de América por Guadalcanal, que siguen
viéndolo como un pueblo del siglo XVI muy habitado e importante, con mucha
agricultura y ganadería, con la casa de la encomienda del Palacio, con muchas
iglesias y conventos, muchos clérigos, monjas y frailes, cuando en realidad
todo esto ha desaparecido y ya no es ni sombra de lo que fue. Es el signo de
los tiempos que lo cambia todo, aquí y en todas partes.
Muchos de ellos, importantes como Monseñor
Alberto Luna, Arzobispo de Cuenca (Ecuador). Su séptimo abuelo emigró de
Guadalcanal estableciéndose en Quito. Era Alonso Sánchez de Espinosa y Luna,
por lo que resulta, según me comunican, que son mis parientes. He investigado
el árbol genealógico. También D. Fernando Jurado Noboa, director de publicaciones
de la Academia me dice “Vd. y yo resultamos
parientes". Y es que las familias antiguas estaban muy
emparentadas.
También desciende Guadalcanal Santa Mariana
de La Azucena de Jesús, de Quito, muerta en 1645 con 26 años. Fue hecha santa en
1950 por Pío XII. Su abuela materna, María Delgado, era de Guadalcanal. Por encargo
de la Academia, estoy realizando su genealogía.
Muchos emigrantes de Guadalcanal obtuvieron
encomienda con grandes extensiones de terreno e indios como sucede con los Bonilla
en Ecuador, cuyos descendientes tienen conciencia de su status social, el mismo
que tenían en Guadalcanal, que eran muy alto y hoy forman la élite aristocrática
de ese país. Sin embargo los Bonilla actuales de nuestro pueblo parece que han
perdido el hilo de su antigüedad y estado.
Los descendientes de Guadalcanal en
Hispanoamérica son ahora flor y nata de sus países, que viven entre gran
cantidad de nativos y descendientes de otros pueblo de España.
Revista de feria 2004
domingo, 12 de marzo de 2023
Mis recuerdos en Guadalcanal
El recuerdo más remoto que
tengo es que me llevan en brazos, no sé si mi madre mi prima Magdalena o mi
niñera Justa, que no lo veo claro. Yo, aunque no vivía en el pueblo, lo
frecuentaba mucho, varias veces al año, y siempre estaba acompañado de mi primo
Pepe Fontán. Él y su hermana Aurelia eran para mí como hermanos. Recuerdo los viajes
tan bonitos en tren, el correo de Mérida, con mis padres y mi hermana María
Dolores. Recuerdo trenes con muchos militares y moros, eso sería durante la
guerra. Mis amigos Manolo González Rincón y sus primos Pepe y Fermín Rincón,
con los que tanto me divertía jugando en el pueblo y en los alrededores, sobre
todo por las Erillas y huertas próximas hasta el puente de Sevilla y la sierra.
Recuerdo que mi hermana me subía a un risco que hay en la esquina de Costanilla
y Pozo Berrueco y aquello para mí era un rascacielos, debía de ser pequeñísimo
quizás finales del año 35 o 36. Se viene a mi memoria cuando creció una rama de
olivo en la fachada de la iglesia de San Sebastián por donde estaba la torre y
estaba todo el mundo admirado, hubo quien dijo que podía ser un milagro, o
cuando bajaron las campanas de esa iglesia para quitar la torre, nos subíamos a
ellas y le dábamos con piedras para tocarlas. Esa era mi parroquia. Ya habían pasado
los tiempos del Chato de Malcocinado. Recuerdo los bailes del casino de la
plaza, con una orquesta con el vocalista de color, de
Azuaga, cantando el Tico Tico, Santa Lucía, en forma en los primeros años cuarenta,
que estaban de moda, las coplas que hoy me siguen encantando. Recuerdo la
matraca en los días de Semana Santa y a Cabanillas tirando de la cuerda. Es que
no podían tocar las campanas con Jesucristo muerto. También recuerdo a mis
amigos los Quinteros, el mayor que murió joven y uno que era de mi edad, eran
de los más travieso que había en el pueblo, aunque el más famoso era Pepe, lo
recuerdo cantando al frente del grupo que acompañaba a la Virgen de Guaditoca
en las romerías. Recuerdo cuando me vestían de nazareno con mi primo en la
Soledad, en el año 50 me amaneció subiendo por la calle Granillos con una tuba
al hombro, íbamos acompañando a otra hermandad, quizás a Nuestro Padre Jesús,
pues era costumbre acompañarse unas a otras, o sea, una representación. También
vienen a mi memoria las músicas de la banda antigua de Guadalcanal, los
gañotes y la Verónica cantando en la plaza. Recuerdo lo mucho que jugaba en
casa de mi abuela María Dolores en la Costanilla, una vez la acompañé al
castillo de la Concepción donde vivía una mujer que proporcionaba grillos que
se metían en una jaulita de alambres y decían que era para ahuyentar a los
mosquitos, una costumbre antiquísima. También jugaba en casa de mi abuela
Encarnación en el Espíritu Santo, que por cierto había una fuente por allí
arriba, enfrente del convento, con un agua extraordinaria, pues bien, un día
nos llevó a mi primo y a mí a enseñarnos el pueblo, estuvimos haciendo una visita,
ella era muy religiosa, a la iglesia de Santa María y después nos enseñó, entre
otras cosas, el túnel y la vía desde el puerto y nos asomamos agarrados de la
mano y yo quedé asombrado. En una ocasión fue a confirmar el obispo de Badajoz
o fue una visita pastoral, no recuerdo bien, y nos acompañó ella, era la década
de los cuarenta. Recuerdo el jaleo de caballerías que había en Guadalcanal por
la mañana temprano y al anochecer, que es digno de recordarse; un pueblo
eminentemente agrícola con muchos labradores y hortelanos. El ambiente en
Guadalcanal era el mismo que a principios de siglo y aunque de los siglos
pasados con muchas calles empedradas desde hacía cientos de años según mis
abuelas. Recuerdo que aprendí a montar en bicicleta en el Palacio y calle Santa
Clara con mi primo y los Rincón. Un día bajé de la estación sin frenos y al
llegar a la carretera de Llerena frené con el pie y di un batacazo saltando por
lo alto y un perro que pasaba por allí en aquel momento también lo pasó mal.
Estos son vivencias y anécdotas que sé que le gustan mucho a mi gran amigo
Ramón Jiménez Rufián. Así no sé si se acordará cuando se iba la luz y decían
que algo pasaba en el Martinete que es donde estaba la central eléctrica. Me
decía Ángel Fontán que la cruz del Puerto la hizo él, que hay una corriente de
agua por debajo del pueblo y, según recuerdo, que hay un pasadizo secreto desde
el cementerio hasta la Iglesia de Santa María. Las entradas están tapadas.
Recuerdo los veranos con la feria y la antigua feria de ganado donde ahora está
la piscina y de las peleas que había en estas. También la procesión infantil
que el día de las Cruces de Mayo hacia el Sanito que andaba con una muleta.
Recuerdo que estando de médico en Casas de Reina y Reina pasé consulta en Guadalcanal
en marzo y abril de 1980 por el Dr. Chamorro en la calle Luenga y en la última
me tuvo que hacer las recetas Emilio Costillo ya que me fracturé la muñeca,
derecha al caerme con la niña, que tenía catorce días, sobre la vía de la
estación de estación de Las Casas, y ahora que me acuerdo estuve en la
celebración de la misa en Santa Ana el día 26 de Julio de 1979 donde leí la
epístola recién llegado D. Antonio.
Un recuerdo especial para mis
amigos de Guadalcanal, muchos ya fallecidos pero que los cito entre los vivos
porque siguen siendo mis amigos; como siempre, unos son más íntimos que otros,
con más relación o con menos, incluso muchos, compañeros de dominó. Baltasar López
de Ayala, Rafael Torrado Aguión, Ramón Jiménez Rufián, José Álvarez Medina,
Rafael Ibáñez Rincón, Manuel López Blandez, Cándido Rivero Sanz, Agapito
Hernández, Miguel Chaves Álvarez, Miguel Chaves Muñoz, Jesús Blandez, Cayetano
Blandez, Leopoldo Tena, Rafael López Oleína, Gerardo Pérez Morente; mis
recuerdos para mis compañeros los doctores J. L. Barragán, Ángel Marquínez,
Antonio Barrera y Ceferino Cabezas, y también para Bienvenido del Castillo y
Emilio Costillo, que me he enterado que ya no está en el pueblo. Era un buen
gastrónomo y excelente amigo y en dos ocasiones nos reunió a todos los médicos
incluido el farmacéutico Enrique Gómez-Álvarez y el médico de Ahillones Claudio
Cabezas Cuenca para comer en el casino. También recuerdo a Parrón, Ignacio
Núñez y Vicente Amigo, así como a Joaquín Yanes Rivero, Ignacio Criado, Rafael
Rodríguez Márquez, Casto Perelló y los hermanos Arcos.
Un recuerdo para Antonio
Fontán Pérez, Antonio Fontán Yanes, Collantes de Terán, Albero de las Heras y
Andrés Mirón padre, mi antiguo y gran amigo Carmelo Rivero, Ezequiel Rius y
parientes, Placido de Cote, Pepe el guardia, mis familiares Pepe Fontán y su
padre, Adriano Atalaya, asimismo Ignacio Cabezas, Ramón Agustín González
Rincón, Rafael Rivero Morente, Amador Rufián Cabezas, Antonio Yerga, Rafael
Montero y Jesús Rivero Yanes, y para mis amigos Manolo, Pepe y Fermín Rincón.
Mis saludos para los Sres. Alcalde, Cura
Párroco y Mensaque Romera.
Si se me olvida alguno, a pesar de esta
larga relación, le pido disculpas desde aquí.
Un abrazo:
ANTONIO GORDON BERNABÉRevista de feria 1998
domingo, 12 de febrero de 2023
La ermita de San Benito


Revista de feria 1995