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sábado, 29 de marzo de 2025

Guadalcanal siglo XV 1/2

 

Datos demográficos

Primera parte

EL TÉRMINO: EXTENSIÓN, PRODUCCIONES Y RENTAS.

             El término dezmatorio y jurisdiccional de esta villa se extiende dos leguas de levante a poniente y otras dos de norte a sur, "y (tiene) de circunferencia seis leguas, todas castellanas, que en andarse a buen paso ocupará cada una el tiempo de una hora".

            Este territorio, a excepción del que comprenden los ejidos, dehesas, viñedos, olivares, huertas y cercados, en el intermedio de las labores, lo pastan comunalmente así los ganados de los vecinos de esta villa, como los de Reina, Trasierra, Fuente del Arco, Berlanga y Valverde, siendo igual y recíprocamente comuneras, de idéntica conformidad, las tierras de tales villas, en cada uno de cuyos pueblos tienen los Justicias sus respectivas jurisdicciones ordinaria, acumulativa y preventiva.

            En este término se contienen:

.           27.510 fanegas y 10 celemines de trigo de puño en sembradura.

     64 fanegas y 9 celemines y medio de regadío de buena calidad, que se hortalizan, excepto 14 fanegas y 9 celemines y medio que se destinan a árboles frutales.

     213 fanegas y 5 celemines de olivar, de las cuales son de primera calidad 53 fanegas y 6 celemines, 103 fanegas y 11 celemines de mediana calidad y 56 fanegas de la inferior.

     805 fanegas y 2 celemines de viñedo, de ellas 15 fanegas de bue­na calidad, 448 fanegas y 2 celemines y medio de mediana y 341 fanegas y 11 celemines y medio de la inferior calidad.

    354 fanegas y 10 celemines y medio de plantío de zumaque, de las cuales son de superior calidad 14 fanegas y 3 celemines, 158 fa­negas y tres celemines y medio de mediana calidad y 182 fanegas y 4 celemines y medio de la inferior.

    23 fanegas y 3 celemines ocupan los ejidos, cuyas hierbas son aprovechadas libremente por los ganados de estos vecinos.

     13.089 fanegas existen destinadas a dehesas, que son igualmente pastadas por todos los ganados de la población.

     123 fanegas y 9 celemines y medio de tierras de secano que se siembran todos los años de trigo y cebada.

     8.181 fanegas y medio celemín de tierras de labor que cada tres años se siembran de habas o garbanzos y en los dos años de intermedio las pastan los ganados de esta villa y los de las que con ella forman comunidad, y

     3.465 fanegas y 6 celemines de terrenos baldíos e improductivos.

            El precio de estos productos agrícolas está regulado así: la fanega de trigo a 15 reales; la de cebada, 8 reales; la de centeno, 10 reales; la de garbanzos, 24 reales; la arroba de aceite, 15 reales; la de vino, 3 reales; la de zumaque, 3 reales; la libra de cera en rama, 3 reales; y en panes, 5 reales; y no se puede regular el precio de la bellota porque se vende, aforada, en el árbol.

            Sobre estas tierras no hay impuestos más derechos que los de diezmos y primicia. Las primicias pertenecen a la Encomienda de Bas­timentos a excepción de la décima parte, que pertenece al Real con­vento de San Marcos, de León. En cuanto al diezmo, las especies de trigo, cebada y vino pertenecen por mitad al hospital de la Sangre, de Sevilla -por compra que hizo a S.M. en virtud de bulas apostólicas- y a la Encomienda de esta villa. Todos los demás géneros y especies per­tenecen a esta Encomienda y se satisfacen en la forma ordinaria, co­rrespondiendo la décima parte de los mismos al convento de San Mar­cos. Independientemente, el diezmo de un edificio conocido en la villa por "La Cañama" pertenece por entero a las fábricas de las tres iglesias parroquiales.

            Los labradores de la localidad pagan a la Santa Iglesia Catedral de Santiago de Compostela el derecho del Voto de Santiago en la forma prevenida en la instrucción para su cobranza.

            Por promedio anual, el volumen de los diezmos y primicias ascienden:

Ø  trigo 649 fanegas, 4 celemines y 2 cuartillos.

Ø  cebada 649 fanegas, 5 celemines y 1 cuartillo.

Ø  habas 8 fanegas y 3 cuartillos.

Ø  Ganados y minucias, 18.775 reales y 26 maravedíes y 3/5, y el de Santiago, 57 fanegas, 8 celemines, 1 cuartillo y 3/5 de otro de trigo.

            Por último, en el término de esta villa hay una mina de plata consistente en el sitio de El Molinillo, conocida por Pozo Rico, que dista media legua de la población y pertenece a S. M., no pudiéndose regular utilidad alguna por hacer mucho tiempo que no se labora. En sus aledaños hay diez y ocho casas que servían para uso de operarios y herramientas.


INDUSTRIAS

 

Harinera:

Ø  Una tahona, propia de Diego Jiménez Caballero, sita en las casas de su morada, calle de San Bartolomé.

Ø  15 molinos de trigo, enclavados en los arroyos de los Molinos, el Moro y el Donadío y pertenecientes a: Juan Guerrero "el Mayor" y Palomo, Juan Vanes Álvarez, Juan Guerrero "el Mayor", doña  María de Miranda y Castilla, don Antonio de Castilla y la obra pía  que fundó Diego García de la Rubia, a partes iguales; don Melchor de Ayala, don Nicolás de Toledo, Andrés Sayago, doña María antes, Pedro de los Ríos, don Francisco Abarranca, presbítero de la obra pía de Diego García de la Rubia, Francisco Cantillo, de Fuente del Arco; doña Agustina Clara, religiosa del convento de Santa Clara, y don Tomás Moreno, presbítero de Llerena, y don José Manuel Esquivel, gobernador de Vitoria.

Zumaque:

            19 molinos, dentro y fuera de la población, que pertenecen a: don Francisco Navarro, presbítero, de Llerena; Cristóbal Agustín de Gálvez, don Francisco Abarranca, presbítero;  Diego de Gálvez Rubio, don Alonso de la Pava, presbítero; don José Vanes, presbítero, y José Yanes Camacho; Miguel Rodríguez Calado, Francisco García, Cristóbal González Zancada, don Ignacio de Ortega, Cristóbal Jiménez Caballe­ro, don Pedro de Ortega y Arjona, don Pedro Inarte, Diego Jiménez Caballero, José Alhaja Caballero, Francisco Ugía, José Vélez-Moro, don Jerónimo de Morales, al sitio de San Julián, y Francisco Ribera, en La Atalaya.

Almazaras:

            4, que pertenecen a: don Cristóbal Ramos, presbítero, en calle Luenga; don Francisco Fuentes, don Alonso Maeso, presbítero, de Llerena, al sitio de El Rincón, y don Jerónimo de Morales, en San Julián,

Lagares de cera:

            2, que son de don Francisco Navarro, presbítero, de Llerena, y don Francisco Fuentes.

Tenerías:

            2, cuyos dueños son José Vélez-Moro, en la calle Santa Clara, y Ma­nuel Fernández Recuerda, en el Jurado.

Hornos de tejas y ladrillos:

            6, que pertenecen a: Juan Balsilla, en la Morería, a cincuenta pasos de la población; Juan Antonio del Río, en dicho sitio; don Alonso Gómez, presbítero, posee dos en el puerto de Llerena, cien pasos de la pobla­ción, y don Álvaro de Ayala tiene otros dos en el Coso, a ochenta pa­sos del casco urbano.

Alfarería:

            1, de Sebastián Rosales, en la calle de la Dehesa,

Apicultura:

            Existen en todo el término 762 colmenas de abejas, que pertenecen: 20 a don Pedro Cabeza, clérigo de menores; 20 a don Francisco Jiménez Requelo, clérigo de menores; 51 a don José Cabre­ra, presbítero; 15 a don Agustín Carbajal, de Llerena; 66 a don Jeróni­mo de Morales, 19 a don Pedro Rebollo, presbítero, de Llerena; 16 a don Fernando Cabrera, 34 a Juan Vanes Cañizares, 7 a don Pedro Chacón, 14 a don José Vanes Camacho, presbítero, vecino de Madrid; 66 a Francisco García, de Valverde; 42 a don Juan González Ramos, presbítero, de Valverde; 3 a don Manuel Ceballo Ramos, presbítero, de Valverde; 48 a don Manuel González Trigueros, presbítero; 6 a don Miguel Calado, clérigo de menores; 20 a don José de la Rocha, presbí­tero; 3 a don Juan Ignacio de Burgos, presbítero; 25 a Manuel García; 23 a Miguel Jerónimo Escutia; 56 a don Rodrigo Vanes, presbítero; 7 a don Ignacio de Burgos; 4 a Antonio Espino; 20 a Francisco Castilla; 12 a Francisco Calderón, presbítero; 9 a don José Vázquez, presbítero, don Miguel González Trigueros; 3 a don Francisco Trigueros, le Madrid; 4 a don Jerónimo de la Fuente, presbítero; 18 a la Cofradía de Nuestra Señora de la Consolación; 57 a don Francisco Navarro, presbítero, de Llerena; 13 a don Francisco Fuentes; 23 a Sebastián Muñoz; 14 a Sebastián Rodríguez y 11 a Juan Antonio Álvarez.

 

Demografía

            El número de vecinos (no el de habitantes) de esta localidad es de 1.050, en que se incluyen 8 que habitan en el cortijo de Malcocinado, no existiendo más casa de campo ni alquería en este término.

            La villa se compone de 707 casas, de las cuales 11 se hallan en estado ruinoso; en Malcocinado existen 6, y todas, salvo las arruinadas, se habitan.

 

PROPIOS DE LA VILLA.

            Casas Consistoriales, sitas en la Plaza Mayor (no las actuales, que seguían siendo a la sazón sede de la Encomienda), una de cuyas dependencias sirve de cárcel real.

            Casa en la calle de Santa Clara, que se destina a carnicería pública.

            Casa en la Plaza Mayor, que sirve para matadero municipal, gravada con un censo redimible de 96 reales de rédito anual a favor de la parroquia de Santa María la Mayor y con otro censo también redimible de 131 reales y 12 mrs. de rédito que se pa­ga anualmente al hospital de la Caridad de esta villa.

            Casa también en la Plaza, que se usa para entrojar el trigo.

            Dehesa de El Encinar, de 10.820 fanegas de trigo de puño en sembradura de cabida, que tiene de carga el ganado yeguar del común de vecinos de esta villa, arrendándose por quinque­nios las hierbas sobrantes y el fruto de la bellota por la fiesta de San Miguel.

            Dehesa de la Vega, de 130 fanegas de trigo de puño en sem­bradura.

            Dehesa de Estaban Yanes, de 120 fanegas de cabida.

            Dehesa de Santa Marina, de 180 fanegas.

            Dehesa de Plasenzuela, de 105 fanegas.

            Dehesa de Monforte, 1.040 fanegas de cabida, que tiene de carga los ganados vacunos, de labor y cerril de estos vecinos que la pastan libremente.

            Dehesa de Las Briñuelas, de 104 fanegas de cabida.

            Dehesa de El Molinillo, de 110 fanegas.

            Pieza de tierra de secano de 50 fanegas de cabida.

            Estos propios están gravados con tres censos redimibles a favorables al convento del Espíritu Santo: uno de 7.524 reales de rédito anual de 1.069 reales y 14 mrs. y otro de 882 reales y 12 mrs.

SALARIOS CON CARGO A LOS FONDOS DEL CONCEJO.

            Los salarios que este Concejo paga anualmente son:

>   Al predicador de Cuaresma, 300 reales.

>   Al organista de Santa María, 350 reales.

>   A la colecturía de Santa María por la asistencia a las funciones desagravios y las festividades de San Gregorio, San Ana y San Roque, 56 reales.

>          Al regente del reloj, 206 reales.                                             

>          A los escribanos del Ayuntamiento, 1.100 reales.                   i

>          A los ministros ordinarios, 600 reales

>          Al peón público, 132 reales.                                                 

>          En papel sellado, veredas y otros gastos, 756 reales.

>         Arbitrios 373 reales; alcabala de los pastos de sus dehesas reales y a la Audiencia de la Mesta, 473 reales y 24 mrs.

RENTAS ENAJENADAS DE LA CORONA.

>   El oficio de alférez mayor de la villa, con voz y voto de regidor y asiento preeminente en el Ayuntamiento, que actualmente sirve don Nicolás de Ortega y Toledo.    

>   Veintidós oficios de regidores perpetuos, de los cuales trece sirven en virtud de reales títulos, siendo sus poseedores don Francisco de Castilla y Miranda, don Andrés de Ortega Ponce de León, don Ignacio de Ortega, don Pedro de Ortega Inarte, Cristóbal González Zancada, Cristóbal Jiménez Caballero, Diego Jiménez Caballero, don Francisco de Castilla y Monsalve, don Agustín Javier de  Morales, don Diego Maeda del Hoyo, Pedro de Heredia, don Francisco Venero y Alonso López; y no se sirven los pertenecientes a Juan Jiménez Gánalo, presbítero, don Diego de Castilla, clérigos menores; don Cristóbal de Arana Sotomayor, don Francisco de bs Freiré, don Alonso Yanes de la Calva, presbítero; Diego de Gálvez Rubio, don Melchor de Ayala Sotomayor, don Luis Hidalgo, clérigos menores; y don Melchor de Cabrera, presbítero. Estos oficios se enajenaron por servicio pecuniario, no tienen señalado o alguno.

> El oficio de veedor y obrero mayor de casas fuertes y castillos de las encomiendas de esta provincia de León, el cual tiene un salario 941 reales y 6 mrs. y lo desempeña don Melchor de Ayala Sotomayor.

> La renta de la mohina (o medida del vino), que pertenece a la villa en virtud de real privilegio.

> La facultad de realizar por sí las elecciones de oficios de Justicia.

> Las escribanías públicas y del Ayuntamiento, que también le pertenece por privilegio real.

ABASTECIMIENTOS.

            Los abastos de la villa e individuos que los regentan:

Ø  El jabón, Antonio Morillo Casaus, vecino de Llerena.

Ø  El bacalao, Juan Lozano.

Ø  La carne, Antonio Márquez.

Ø  La alcabala del viento, Pedro López Palomo, que paga al Concejo 6.000 reales anuales en concepto de arriendo.

Ø  Los pesos y medidas, Juan Cairón, que paga 390 reales.

Ø  La romana, Cristóbal Espió Carrascal, que la tiene arrendada en 30 reales.

Ø  La mohína, Clemente Miguel, por 1.010 reales.

Ø  Una taberna, de Joaquín Jiménez, que paga 400 reales de adehala.

Ø  Un despacho de aceite, a cargo de Diego Ruiz, 4.400 reales.

Ø  Un despacho de aguardiente, que negocia el Concejo, por cuyos derechos abona a S.M. 4.076 reales.

Ø  12 tiendas de sedas, lanas, lienzos y especias, que pertenecen a don Bernardo Pérez, don Félix Martínez, don Juan del Mármol, Luis Francisco Pinto, Francisco Rodríguez, Juan de Sevilla Recio, do Antonio Díaz, don Narciso del Mármol, José Cristóbal, Francisco Rodríguez Merino, Baltasar González y Silvestre Cristóbal.

 Hemerotecas

sábado, 22 de marzo de 2025

Guadalcanal Monumental 15

 

Restos de las minas del molinillo

La iglesia de San Antonio o de las Minas

    El patrimonio artístico y monumental de Guadalcanal ha ido perdiendo a lo largo de su historia muchos de los elementos que lo enriquecieron. Dejando aparte las pérdidas sufridas con las desamortizaciones del siglo XIX, las destrucciones de la Guerra Civil y los expolios y ventas de la recta final del siglo XX, algunos monumentos debieron desaparecer desde antiguo. Este parece ser el caso de la iglesia de San Antonio, que atendía las necesidades de los trabajadores de la Mina del Molinillo. Como los demás templos de la localidad, su atención y funcionamiento caían dentro del marco jurisdiccional eclesiástico de la Provincia de León de la Orden de Santiago, a pesar de ser un templo rural como el de Nuestra Señora de Guaditoca o la desaparecida ermita de Santa Marina. De ahí que la inspección de su funcionamiento se confiase a la Visita Canónica ejercida por los visitadores santiaguistas.

    En este sentido, el informe de la Visita Pastoral efectuada el 16 de noviembre de 1575 nos describe la estructura arquitectónica y el patrimonio de bienes muebles de este recinto de culto, que se convertía en el centro espiritual de las cincuenta o sesenta casas que a juicio de los visitadores integraban el poblado minero, levantado por la Corona para la explotación de este yacimiento[1]. En esa fecha el templo estaba atendido por el clérigo Juan Carrasco, en su condición de capellán.

    La iglesia era un recinto de medianas dimensiones, pues constaba de una sola nave articulada en tramos por medio de tres arcos de ladrillo. Se seguía así el tradicional modelo de iglesia de arcos transversales o arcos diafragma, propio de la arquitectura mudéjar de la Sierra sevillana y también extendido por las vecinas serranías onubense y cordobesa y las cercanas tierras extremeñas. Y como es propio de este modelo de ascendencia medieval, la cubierta consistía en una techumbre de madera de castaño, dispuesta a un agua, cuya trama estaba integrada por las consabidas vigas o alfajías de madera sobre las que descansaban los ladrillos por tabla, que suplen la tablazón de madera de otras modalidades lignarias. Un sistema de gran tradición en la zona, presente también en la arquitectura doméstica y que como vemos hunde sus raíces en las tradiciones constructivas medievales. Sin embargo, para el presbiterio, la zona más noble del templo, se reserva la cubierta abovedada con crucería gótica, que en el caso de esta iglesia de San Antonio mostraba su plementería realizada en ladrillo, con lo que se reforzaba el componente estético de mudejarismo de estas construcciones religiosas rurales, tan vinculadas a la práctica de los maestros locales que perpetuaban usos y técnicas ancestrales. Para el servicio del templo se contaba con una sacristía mediana, techada a un agua con el mismo sistema constructivo visto en la nave del templo.

    Los datos suministrados por esta Visita Canónica de 1575 se completan con el testimonio que ofrece un inventario fechado el 6 de julio del siguiente año de 1576[2]. Si bien coincide en la descripción del templo con el informe de los Visitadores santiaguistas, añade algunos datos complementarios, como las medidas de la nave (25 pies de ancho y 88 de largo), “de proporcionada altura”, y la existencia de dependencias accesorias como la casa del capellán, integrada por dos “piezas” o habitaciones bajas y cuatro altas.

    Al presbiterio o capilla mayor se ascendía por tres gradas o escalones forrados de azulejos. El testero estaba ocupado por el retablo mayor, que adoptaba la forma de tabernáculo o templete cerrado por portezuelas. Su estructura descansaba sobre el pequeño tabernáculo del Sagrario, del que sabemos estaba decorado en 1575 con cuatro balaustres – elemento propio del repertorio ornamental del Renacimiento – que sustentaban una cornisa dorada de coronamiento. Se cerraba por medio de una portezuela ornamentada con la representación del tema de la Resurrección de Cristo, seguramente en relieve escultórico. Este receptáculo eucarístico se cerraba con sendas puertas pintadas al óleo y albergaba la custodia de plata del Santísimo Sacramento. El núcleo del retablo lo constituía el citado templete cerrado con puertas (en cuyas caras estaban pintadas las efigies de San Juan Evangelista y San Antonio), que albergaba una imagen también pictórica de la Virgen con el Niño. Sobre la mesa de altar, a la izquierda, descansaba una imagen de San Antonio de bulto redondo. Y coronando todo el conjunto, una imagen del Crucificado también de bulto redondo. Otras piezas de interés eran dos guadamecíes pequeños (piezas de adorno elaboradas en cuero) que representaban a los santos Andrés y Santiago.

    El templo contaba también con un ajuar integrado por piezas de orfebrería como un cáliz, dos crismeras, una ampolleta, dos candeleros y una pareja de vinajeras medianas, todo de plata, además de diversas vestiduras litúrgicas como casullas, albas, amitos, frontales de altar, etc. Otros enseres eran un incensario de latón, una caldereta o acetre de azófar para el agua bendita, una campanilla para el altar, dos atriles, la pila bautismal cerrada con tapa de madera, el palio para la procesión del Santísimo Sacramento tejido en damasco carmesí, unas parihuelas cerradas con su tapa a modo de ataúd para los entierros, el guion o estandarte para la procesión eucarística (coronado por una cruz de madera dorada), el reloj de la iglesia, un candelero grande de madera para colocar el cirio pascual, un cajoncito de madera de pino para guardar la cera del Santísimo y un púlpito también de madera de pino con su escalera. Para los cultos de la Semana Santa se utilizaba, como Monumento Eucarístico, un arca de madera de nogal donde se depositaba el Santísimo. Este conjunto de enseres litúrgicos se había costeado tanto a base de las limosnas de los fieles como especialmente a costa de la Hacienda Real, interesada en la correcta atención espiritual de los trabajadores de este poblado minero, en aquella interesante coyuntura de la España de mediados del siglo XVI, cuando las minas de Guadalcanal adquirieron la celebridad con la que han pasado a la Historia.


[1] ARCHIVO HISTORICO NACIONAL, sección Ordenes Militares, Visitas de la Orden de Santiago, libro 1012 – C, folio 378 recto – 379 recto.

[2] ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, sección Cámara de Castilla – Diversos, legajo 46, documento 31: Relación de los ornamentos y otras cosas de la iglesia de las minas de Guadalcanal (1576).

Salvador Hernández González
Revista de Feria 2009

sábado, 15 de marzo de 2025

El ocaso de un poeta

Luis Chamizo (1943/1945)

Como el Guadiana mismo -aquí se oculta, allí aparece- así es la vida de Luís Chamizo, sujeta siempre a un movimiento pendular que le lleva de la fama al silencio, del éxito al fracaso.

En los primeros días del año 1943 -momento en que comenzamos nuestra evocación- Chamizo se nos presenta, por decirlo con palabras de Machado, "pobre, cansado, pensativo y viejo". Se ha disipado en su espíritu la ilusión que antes le impulsara a acometer las más ambiciosas empresas literarias y en los ojos le asoma el velo del hastío. El corazón abierto por los dolores de la aún cercana guerra civil, ajada el alma por un mar de dudas y acosado por imperiosas necesidades económicas, Chamizo se ve obligado a trasladar su residencia a Madrid. Y tras la ventanilla del ferrocarril, que de Guadalcanal le lleva a la capital, contempla el poeta las tierras extremeñas, ateridas por el frío invernal. Ante sus ojos desfilan en loca carrera ondulados altozanos, suaves parameras, bosques de encinas, robustas y humildes, símbolo y blasón de toda una gloriosa raza; regatos, esquilas, paz, silencio... Extremadura, su Extremadura, queda definitiva y dolorosamente atrás. Partir es morir un poco.

Poblaban la mente de Chamizo los perfiles de un Madrid arnichesco que él conociera y viviera, todavía "último rincón romántico de Europa", a caballo entre la gran urbe cosmopolita y el franco lugarón manchego. Una ciudad que hoy reía con los lances licenciosos del duende la Montera, para llorar mañana la muerte de doña Emilia Pardo Bazán. Un pueblo llano y hospitalario, que a Chamizo le dispensó la más cordial de las acogidas cuando en el año 1921, publicó el poeta su "Miajón de los Castúos". El éxito alcanzado por la obra rebasó todas las previsiones, agotándose las dos primeras ediciones en un plazo inferior a quince días. Madrid vibraba con aquellos versos cuajados de aires rústicos, en un ansia de recuperar aquellas esencias propias que ya empezaba a perder. Que Madrid, antes que Corte, fue siempre y por encima de todo, Villa.

Veintidós años han transcurrido desde esos días de gloria, hasta esta desapacible jornada de 1943, en que Luís vuelve a la capital. El poeta se hospeda en el Hotel Gibraltar, y de allí partirán sus paseos mañaneros, perdido entre callejas y plazuelas, en las que parecen cobrar cuerpo sus nostalgias. Son todos itinerarios presididos por la añoranza y el recuerdo: Travesía del Conservatorio número 14, su primer aposento madrileño; Instituto Cardenal Cisneros, donde el poeta cursara parte de su Bachillerato; calle ancha de San Bernardo, sede de la Universidad Central en la que, con diversa fortuna, estudió la carrera de Derecho, y calle de la Madera Baja, la más entrañablemente guardada en el corazón del poeta. En ella -años atrás- existió una pensión en la que Luís vivió largas temporadas. Regentaban la misma dos ancianas a quienes Chamizo convertiría en las primeras lectoras madrileñas de sus poemas. Algo de su propio ser se encerraba en aquel barrio, apellidado Latino. Algo que no quería perder. Y por ello decide alquilar un modesto piso en la cercana calle del Escorial quince, en el que residirá hasta su muerte. A escasos metros de su hogar tiene el suyo Antonio Reyes Huertas, con quien le unió de antiguo una sincera amistad.

La vida cotidiana del poeta es sencilla, humilde, casi ascética. Por la mañana se levanta temprano y gusta de escribir hasta la hora de incorporarse a su puesto en el Sindicato Nacional del Espectáculo. Tiene Luís entre manos la elaboración de una obra teatral para la que ya ha encontrado un título: Ellos y nosotros, drama autobiográfico que por desgracia, fue destruido tras la muerte de Luís sin que sus hijas pudieran hacer nada por evitarlo.

No gusta. Chamizo de frecuentar los ambientes mundanos, y ama apasionadamente el recogimiento hogareño. Ello no es óbice para que acuda puntualmente a todos los estrenos teatrales que se celebran en la capital. De siempre el teatro fue una pasión para Chamizo, quien los sábados de nueve a doce de la noche suele asistir a la tertulia del Café Pombo.

Un doloroso suceso, la muerte de su madre, viene a sembrar de amargura el ánimo de Luís. Doña Asunción Triguero Bravo expira en Guareña el día 13 de agosto de 1943. A ella dedicó Luís Chamizo su primer poema, cuando aún no contaba ocho años de edad, y con su fallecimiento, el caudal poético de Chamizo queda seco. A partir de ahora se abrirá un largo silencio literario, antesala dramática de la muerte.

Un proyecto singular ocupa al poeta en los últimos años, meses ya, de su vida: la creación de una pequeña escuela de recitación, en la que el mismo poeta desentrañaba los secretos declamatorios de sus poemas.

El Chamizo decidor de sus composiciones, ha sido poco estudiado, a pesar de que su labor en este campo fue extensa y fructífera, según los testimonios conservados. Hay a este respecto un significativo artículo que Arturo Gazul publica en el Hoy y en el que puede leerse:

"Un recital de Chamizo en cualquiera de nuestros pueblos, tenía la rara virtualidad de desarmar nuestro feroz individualismo y de unirnos e identificarnos en una especie de comunión emocional. La voz del poeta era la voz ancestral de la tierra y a su conjuro las almas se fundían en una sola alma y los corazones en un solo corazón".

Gracias a aquellas clases, Luís consigue reunir un grupo de entusiastas de su obra, que con afán encomiable se entregan a la nada fácil recitación de las rapsodias castúas. Y Chamizo, como el más hábil de los maestros, se sirve de todo tipo de resortes pedagógicos de entre los que, por más frecuente y singular, destacaría la utilización de las suertes taurinas para el adiestramiento de gestos y aires de su alumnado. Y así no era extraño que los versos de "La Jilandera", "La Juerza d'un queré" o su magnífica "Nacencia", surgieran en un marco bordado de verónicas y chicuelinas.

De todos sus discípulos -verdaderos hijos en el corazón del poeta Luís Chamizo- honra a dos con el regalo de su amistad total. El primero, Manuel Pano, catalán de nacimiento, pero extremeño de corazón, por quien Luís siempre sintió un especial cariño. Al propio Pano encomendaría Chamizo el prólogo que habría de encabezar su libro Vibraciones, colección de poemas en castellano del vate guarenense que nunca vieron la luz en vida del poeta. El segundo de aquellos alumnos es Carlos Pérez Alonso, a quien Luís siempre calificó como el más dotado de sus discípulos y en quien el poeta encarnó sus ansias nunca colmadas de tener un hijo varón. El sería el compañero, lazarillo a veces del poeta, que caminaba ya al final de su vida.

En el mes de agosto de 1945 se le presenta a Luís una otitis que le ocasiona fuertes dolores. Aconsejado por sus familiares acule a la consulta del doctor Tapia quien le diagnostica la dolencia, aplicándole un tratamiento que en principio ataja el mal. Mas la infección, secretamente, continuará su paso. Chamizo soporta el dolor con resignación. Son estos días de profunda tristeza, que quedan bien reflejados en un documento hasta hoy inédito, y que tuve la fortuna de hallar en el archivo personal del poeta. El documento en cuestión es un dictado que Luís hace a la menor de sus hijas, Asunción, y que por mor de las circunstancias, se va a convertir en un verdadero testamento literario. Dice así: "Yo era feliz. Tenía veinte años. Me sonreía la vida. Todo un mundo de ilusiones y esperanzas se abría a mi paso. Mis versos eran famosos en todo el mundo. Hasta de Japón llegaron cartas ensalzando mi obra. Todo cayó y todo murió. Cuando yo deje de existir me harán la justicia que no me han hecho todavía".

El dictado lleva fecha del día cinco de diciembre de 1945.

Las últimas fuerzas de Chamizo se agotan. El día dieciocho de diciembre sufre un desvanecimiento, lo que le obliga a postrarse en cama de la que ya no volverá a levantarse. Una voraz septicemia se ha apoderado de su cuerpo.

Luís Chamizo entra en agonía en las primeras horas de la noche del día 24 de diciembre. Momentos antes de fallecer un fraile mercedario de la cercana iglesia de la Buena Dicha, le administra los Últimos Sacramentos.

En la madrugada del día 24 de diciembre, con el corazón repleto de Extremadura y el nombre de su madre en los labios, expiró. Fuera el aire se poblaba de un rumor de zambombas y sonajas y en la pequeña alcoba en que reposaban los restos del poeta parecían oírse estas palabras: "Cuando yo deje de existir me harán la justicia que no me han hecho todavía".

Basanta Reyes, Antonio

sábado, 8 de marzo de 2025

Guadalcanal Monumental 14


La Torre de la Iglesia De Santa María de la Asunción
Un legado del esplendor de las minas de plata del siglo XVI

    Recuerdo cuando aún era niño aquel viejecito con su gorra y su bastón que todos llamábamos Bastián, sentado en un banco de la plaza contando historias y chascarrillos de nuestro pueblo, en una de sus citas más o menos comentaba: “nuestros antepasados echaron hace muchos años a los moros de Guadalcanal, salieron corriendo y no les dio tiempo ni a terminar la torre de la Iglesia, después de tantos años así se quedó, como la veis”.     Esta frase que no sé si será totalmente exacta a la que él dijo, era una sentencia y no tenía razón nuestro recordado Bastián, la torre es quizás el único legado que nos quedó de la floreciente Guadalcanal en el esplendor y posterior decadencia de sus minas en el siglo XVI, ya que en el año 1556 Agustín de Zárate, el recién nombrado administrador General de las minas de plata de Guadalcanal por la Princesa Regente Gobernadora, "recibe un nuevo destino de la administración fiscal y se establece en Guadalcanal para asegurar el orden en el beneficio del mineral y la recaudación de los derechos estatales de las importantes minas de plata que se han descubierto en esta villa"
    El Sr. Zárate se reúne a principio de dicho año con el Concejo de la Villa y sus alcaldes, estos le proclaman los pocos beneficios que la localidad obtiene de la explotación de la dicha rica mina, denunciando el progresivo estado de pobreza de la vecindad, por las grandes mermas de ganado (que se utiliza sin control y a bajo precio en la mina para alimentar a propios y esclavos), la esquilma de los montes que quedan "limpios" de leña y pastos, material para hacer carbón y maderos para la mina, todo esto hace que los montes queden mermados y con falta de manutención para el ganado, unido al poco trabajo que se les ofrece a los guadalcanalenses en la mina, que por su escasa profesionalidad, se limita al acarreo y penosos trabajos de pocos maravedíes de salario. 
    En este mismo sentido, el Concejo envía una libranza a la corte: “conbiene al seruiçio de V.M. que en esta fábrica no se lleue alcabala del carbón, leña, plomo y almártaga, pues estas son cosas que nunca se bendieron arrendaron en el dicho término de Guadalcanal, sino después que en la fábrica se funde y así ni al concejo ni arrendadores no se les haze agrabio. Reçobelo (agravio) la fábrica que de las demás cosas que en ella se benden lleuen más alcabala de lo que se lleua en la misma villa de Guadalcanal y así suplico a V. M. lo mande y con los mesmos días de franqueza que ay en la dicha villa”. 
    La respuesta real es favorable a la pretensión de la administración: Así pues, de hecho, la mina resulta ser un vecino incómodo para la villa; goza de los derechos de los demás vecinos —cortar leña y aprovecharse de los pastos propios y comunes— pero no se sujeta por la mayoría de los deberes. ¿Cómo afecta esto a la mayoría de los vecinos?, menos en los derechos, éstos sí que se ven claramente perjudicados: la rica dehesa de la villa, antes a disposición de los avecindados, queda reservada para el exclusivo de las minas durante 10 meses del año y sólo los dos meses de verano para el libre acceso de los vecinos 
    El mismo Zárate es consciente de que la villa merece una cierta compensación a los perjuicios que recibe en función de la presencia de la explotación real: “Conbendría que la alcauala de lo que se vende en las minas no se diese encabeçamiento a la villa de Guadalcanal, porque valen las cosas a esta causa eçesivamente caras, porque molestan a los que bienen a vender y les lleuan demasiada alcauala y a causa dello el carbón, almártaga y otras cosas nesçesarias se encaresçen y no se traen á vender a las dichas minas lo nesçesario"                                                                                                                                          . Por eso conbendría que se repartiese y diese por vía de encabeçamiento de las dichas minas a la fábrica dellas por un predio moderado y a los de Guadalcanal, "Su Magestad los gratifique los daños que a causa de las minas resçiuen así en los mantenimientos como en el pasto del ganado y bestiamen de las minas en su dehesa y en sacar çepas y no es equivalençia el prouecho que tienen de los que trauaxan en las minas de la villa, la qual meresçe qualquier gratificación por el amor y voluntad con que siruen a Su Magestad”. 
    El 25 de Abril, después de repetidas reuniones de D. Agustín de Zárate con el Concejo de la Villa, envía varios escritos a Valladolid para la princesa gobernadora, y, en uno de ellos comenta: “Con la mucha hanbre que en esta tierra hay, acude a estas minas mucha jente que no nos podemos valer porque el principal intento que traen es el de hurtar (...)”. Igualmente reconoce el administrador que: “labrándose aquí minas, forçoso se han de encaresçer los jornales y resçibir grande daño toda la tierra, porque les será grande costa labrar sus heredades” 
    En otro escrito comenta que los roces entre vecinos de la villa y la población minera son frecuentes y se inscriben los tradicionales choques entre comunidades configuradas y asentadas de antiguo y poblaciones halógenas. En este informe daba noticia de que: “los vezinos de la dicha villa de Guadalcanal hazen muchas molestias y malos tratamientos a los maestros, ofiçiales y operarios y otras personas que entienden en (...) las minas que an paresçido en término de la dicha villa y que no les quieren dar posadas ni rropa en que duermen ni mantenimientos por sus dineros”. 
    El 22 de Octubre de 1556 la princesa gobernadora dirige un escrito a D. Diego López administrador tesorero de la mina de Guadalcanal y otorga la obligación de liberar de los beneficios de dicha mina la cantidad de 590 ducados (221.250 maravedíes), equivalente al 0,017% del beneficio total de la extracción de plata hasta la fecha, así mismo otorga las siguientes libranzas, para un paño de la Iglesia de Guadalcanal 75.000 maravedies, al monasterio de los descalzos de Guadalcanal, 4 cálices de plata de las minas, con un valor de hechura de 37.500 maravedies, para limosnas a diversas instituciones religiosa de la villa 17.500 maravedíes y una cantidad no determinada para la adquisición de una campana para la torre de Santa Ana. Al año siguiente, según cédula de 12 de Mayo, se otorga otra asignación de 200 ducados (75.000 maravedíes) para seguir con la construcción de la torre de Santa María de la Asunción y finalmente, en el año 1559, se otorga una última obligación de liberar la cantidad de 65.000 maravedíes para terminar la dicha torre, así dispone la princesa regente gobernadora y envía copia de otorgamiento a Juan Pérez de Mérida mayordomo de la iglesia parroquial De estos otorgamientos es sabedor ejecutor D. Hernán López del Campo, instructor del Consejo de Hacienda y Contador Mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. No hay constancia documentada de más asignaciones para la construcción de la torre y tampoco si en el año 1559 tenía su estado actual o si los sucesivos Concejos decidieron invertir más en su construcción. 
    La Torre de la iglesia de Santa María de la Asunción de Guadalcanal se levantó sobre la parte de la antigua muralla defensiva almohade de la población, se sitúa a los pies de la nave izquierda, después de varios siglos, la situación actual de esta torre es de deterioro y semi abandono, sea por parte de la iglesia o por las distintas administraciones que pudieran implicarse. En estos últimos tiempos se han efectuados varios intentos fallidos para remediar la situación: En el 2008, el arquitecto de la Archidiócesis de Sevilla, acompañado por el Delegado de Patrimonio del Excmo. Ayuntamiento -Eduardo Cordobés- y el Párroco de Guadalcanal -Gabriel Sánchez-, estuvo visitando el lunes 29 de septiembre la torre de la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción, que presenta diversos desperfectos provocados por el paso del tiempo. Se ha acordado, en una primera fase que comenzaría en breve, fijar los elementos que se encuentran en peores condiciones y entrañan un mayor peligro, como las cornisas. Estas obras están financiadas por la Archidiócesis de Sevilla. La colaboración del Excmo. Ayuntamiento se centrará en la limpieza interior de la torre. El 5 de Noviembre de 2014, el entonces alcalde de Guadalcanal José Manuel Martínez, concedió una entrevista en El Correo de Andalucía a José Ángel Fontecha en la que entre otras cosas decía: “se adelantó ayer las principales líneas de actuación que podrían llevarse a cabo en la consecución de la financiación necesaria para la restauración de la torre de la Iglesia de Santa María de la Asunción. Tras sendas reuniones con responsables de La Caixa y con el párroco, Juan Carlos de la Rosa, el regidor aseguró que son tres campos en los que se pretende trabajar” “El Ayuntamiento y la iglesia firmarían un acuerdo para la apertura de una Cuenta Solidaria conjunta donde todo el que quiera, a base de donaciones podría ingresar lo que estime conveniente”. 
    “El Ayuntamiento contribuirá económicamente en todo lo que vaya pudiendo con la consecución de ayudas”. "Los contribuyentes que participaran en la colecta, aseguran desde el Consistorio, independientemente de la suma aportada, recibirían un diploma para recordar su colaboración". Los otros dos campos de acción "vendrían en forma de subvención, ya que se prevé solicitar las ayudas económicas pertinentes tanto al Ministerio de Fomento como al Grupo de Desarrollo Rural Sierra Morena, a fin de conseguir parte de los casi 300.000 euros en los que está presupuestada esta restauración. Dichas subvenciones son excluyentes entre sí, por lo que, si se logra una de ellas, quedaría descartada la otra"
    Han pasado los años, varias corporaciones municipales y párrocos, pero lo cierto es que nuestra simbólica torre de la plaza de España, sigue deteriorándose, sin emprender las obras necearías para su restauración y con las tres bufandas negras puestas que tanto afean el edificio y contorno, nuestro paisano Juan Daniel Blanco Ceballos se preocupa todos los años de retirar los escombros del interior y limpiar los escalones de los excrementos de las palomas. Parece según información que el Arzobispado de Sevilla ha habilitado conforme al proyecto, una partida similar a la que se concedió para arreglar la techumbre del convento, esta partida está pendiente de ejecutar a través del Área de Cultura del Emxo. Ayuntamiento de Guadalcanal.

Fuentes. - Noticia histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal, De Minería, Metalúrgica y Comercio de Metales (Julio Sánchez Gómez-Salamanca 1989), Consejo y Juntas de Hacienda, Contadurías Generales, Sobre emigración a América de los habitantes de Guadalcanal y Hemerotecas. Rafael Spínola

sábado, 1 de marzo de 2025

Guadalcanal 1833 2/2


INCORPORACIÓN DE GUADALCANAL A LA PROVINCIA DE SEVIILLA Y SEGREGACIÓN   DE MALCOCINADO COMO MUNICIPIO PERTENECIENTE A BADAJOZ.

 Segunda parte

 

            En 1856 hallamos algunos visos de prosperidad, en el ámbito municipal tal vez como consecuencia de la venta, a don Ignacio Sán­chez Martín de la dehesa del Postigo, que pertenecía a sus propios, y. sobre todo por la liquidación de gastos ocasionados durante la guerra de la Independencia a este Ayuntamiento por parte de la Real Hacienda, cuyas cantidades fueron hechas efectivas en la persona de don Luis López de Ayala.

            Ello permitió realizar algunas obras de urbanización, tales como la fila de casas que flanquea el Paseo del Palacio, en lo que actualmente es la calle Palacio. Para esto, como para la rotulación y nume­ración de las calles y casas de la población, se formó una junta pericial, de la que se designó como presidente a Antonio Llamazares.

            Por un repique general de campanas que, por orden del alcalde don Antonio Moreno Guerrero, se hizo el día 13 de diciembre de 1857. todo el vecindario tuvo conocimiento "del feliz natalicio del Príncipe de Asturias", Alfonso Francisco Fernando Pío. Después del toque de áni­mas de ese día, tuvo lugar un concierto en la Plaza Mayor, y al día siguiente se celebró misa solemne, seguida de un "tedeum", en Santa María, a la que asistieron el clero y la Corporación municipal.

            Ocho días después, el teniente de alcalde don Carlos Franco Romero se dirigía a Doña Isabel II en los siguientes términos:

 

"Señora”

            El Ayuntamiento Constitucional de la villa de Guadalcanal, pro­vincia de Sevilla, tiene la honra de ofrecer a L.R.P. de V.M. la sincera expresión de júbilo por el feliz natalicio del augusto hijo de V.M. y sere­nísimo Príncipe de Asturias.

            Y el Ayuntamiento, Señora, que reverentemente deposita el homenaje de su lealtad ante el excelso trono que V.M. ocupa, ruega a la vez al Todopoderoso prolongue con innumerables días las vidas preciosas de V.M. y del príncipe heredero, para que, animado por el valor de los Pelayos, adornado de la santidad de los Fernandos, son­reído por la fortuna de los Carlos, dotado por la prudencia de los Felipe y revestido de las altas virtudes que tanto brillan en el reinado de V.M., sobre la ventura de esta gran nación, que fía la gloria de su por­venir en las relevantes prendas de su futuro rey.

            Dígnese, pues, V.M. aceptar este testimonio, que con el debido acatamiento tiene la honra de ofrecer a V.M. el Ayuntamiento de esta villa.

            Salas Consistoriales de Guadalcanal, 20 de noviembre de 1857.

 

Señora. A.LR.P. de V.M."

            A buen seguro que caló hondo en la femenina sensibilidad de la soberana tan pedantesca como halagadora felicitación, pues he aquí que cuando un lustro después alguien solicitó la real aprobación de los estatutos por los que habría de regirse la Cofradía de la Virgen de Guaditoca, tiempo le faltó para ordenar al ministro de Gracia y Justicia que comunicase a este Ayuntamiento su graciosa concesión.

            En sesión extraordinaria que en 25 de marzo de 1863 celebró el Ayuntamiento, con asistencias de los tres párrocos, se acordó fijar las fiestas y solemnidades a las que había de concurrir ambos estados, que fueron:

    Publicación de la bula de la Santa Cruzada.  Se haría en Santa María, con asistencia de la Corporación municipal y Clero de las tres parroquias.

    Funciones votivas de la villa.- Las de San Gregorio y San Atanasio, en Santa María, y la de San Roque, en San Sebastián, con asis­tencia sólo de sus respectivas comunidades.

   Función de desagravios.- Tenía lugar el domingo infraoctavo de la Inmaculada, y fue acordado que concurrieran el Ayuntamiento y el Clero de las tres parroquias, con sus cruces, haciéndose de modo rotativo entre ellas.

    Procesión general del Corpus Christi.- Se celebraría en Santa Ma­ría y concurrirían el Clero local y el Ayuntamiento.

    Procesión del Santo Entierro de Jesucristo.- En igual forma.

    Octava del Corpus.- En cada una de las tres parroquias con respectivos cleros.

    Titulares de las parroquias. - Asistirían, recíprocamente, las Comunidades de ellas y el Ayuntamiento.

    Letanías mayores. - Se celebran el día de San Marcos, que si veneraba en Santa Ana. Las Comunidades de Santa María y San Sebastián irían con sus respectivas cruces y llevarían a dicho Santo en procesión a Santa María, para, una vez oficiadas las letanías devolverlo a su iglesia.

    Venida y vuelta al santuario de la Virgen de Guaditoca. - Siguiendo la primitiva costumbre, fue acordado que se haría acompañamiento de las tres parroquias.

            En virtud de una serie de superiores disposiciones que, con carácter general, fueron promulgadas en este siglo, con el fin de formar la propiedad fija y estancada en propiedad libre y circulante -que no otro fue el móvil desamortizador-, el Municipio fue expropiado de aquellos terrenos -tantas veces mencionados aquí- que componían sus bienes comunales. El origen de la mayor parte de estas prioridades concejiles se remontaba a las concesiones santiaguistas, y antiguo las disfrutaron comunalmente los vecinos y moradores localidad, de acuerdo con las condiciones y limitaciones que el Municipio imponía, según consta en las Ordenanzas municipales, que aprobadas por el Consejo de Castilla en 1674.

            No es necesario encarecer la tremenda convulsión que en el orden económico se hizo sentir, con tal despojo, entre el vecindario general. Por ello, el Ayuntamiento, consciente de la gravedad del problema, no desmayó un instante en el arbitrio de soluciones encaminadas a remediar en lo posible la funesta situación.

            Concretamente, en 1862, el alcalde don José Sanen deseoso de devolver al pueblo su secular prerrogativa, solicito al gobierno Civil de la provincia la devolución de dichos terrenos, para lo que nombró una comisión, que formaron don Miguel Ramos Lobo, don Juan Rivero y don Francisco Espino, encargada de elaborar un minucioso estudio por donde se viniera a demostrar la inveterada costumbre de esta población en el disfrute de dichas tierras, amén de un pormenores acerca de la importancia económica que tal i comportaba. Y al año siguiente, un grupo de vecinos, representados por los también guadalcanalenses don Ignacio Arcos Albarrán y don Francisco Romero Burgos, se dirigieron a S.M. en el mismo sentido Siempre, el silencio administrativo... Y, mientras, la pobreza hacía estragos entre nuestros abuelos.

            De entre las fincas enajenadas, las de Plasenzuela El Donadío, la dehesa de Estaban Yanes, La Zarza, Monforte, la de Vega y Santa Marina, fueron valoradas en 332.100 reales. Pero he aquí que en 1865 aún no habían sido devengados a este Ayuntamiento los intereses, que importaban 1.536 reales. Por ello no puede menos 3e sorprender el que todavía les quedara humor a aquellos munícipes para que presentaran una "atenta y razonada exposición" al ministro de Hacienda solicitando dicho dinero, según lo determinaba (Además)

una ley de 5 de julio de 1856.

            Pero, como a lo que parece, casi nunca vienen solas las desgracias, el 17 de septiembre de este mismo año de 1865 en este Ayuntamiento "dióse cuenta de un escrito que con fecha de 22 de agosto último presentó don Francisco de Ortega y Ayala y doña Ramona de Ortega y Arana, naturales y vecinos de esta villa, por el que manifiestan que por el Juzgado de Primera Instancia de la villa de Cazalla (el título de ciudad le viene a Cazalla de la última dictadura) se ha declarado a tos dichos y al difunto don Juan Romero la propiedad y el derecho a percibir los réditos de los censos pertenecientes a la obra pía fundada por don Nicolás de Toledo, impuesta sobre los propios de esta villa, para atender determinadas instituciones, invirtiéndose en ella sus decursos, los cuales han caducado por la extinción de los conventos de regulares de San Francisco de esta expresada villa y el de la de Jerez de los Caballeros; resultando de autos que las anualidades que se hallan sin satisfacer son desde el año de 1840 inclusive hasta la fecha, que a razón de 5.000 reales cada anualidad, importan 125.000 reales; y solicitan, como legítimos herederos de los referidos capitales, el que se incluya en el presupuesto municipal ordinario una anualidad corrien­te y otra en concepto de atrasos, hasta extinguir la deuda. El Ayunta­miento, visto el informe presentado por la comisión encargada de la búsqueda y estudio de los antecedentes que resulten acerca del asunto manifiesta:

1°.       Que, atendiendo la mente del fundador, y en el caso de que hoy pudiera cualquiera considerarse con algún derecho al cen­so de que se trata, lo serían en primer término instituciones muy respetables que carecen absolutamente de recursos, como son la Beneficencia e Instrucción pública.

2°.       Que la personalidad de don Antonio Ors para hacer la transacción que practicó con el señor Ayala y consortes no estaba legalmente acreditada, porque de ella no figuraban ni se dio partici­pación a las corporaciones que pudieran hallarse inmediatamente interesadas en el asunto, por cuyas circunstancias deben considerarse nulas y de ningún valor todas aquellas diligencias.
3°. Que la administración interina concedida al señor Ayala, mientras no se declara la pertenencia de la obra pía, puede ser en extremo perjudicial cuando andando el tiempo se declare a favor del Estado u otra cualquiera institución, puesto que éste no podría reintegrar a las personas o corporaciones a quienes se adjudicaran legalmente estos derechos.
4°.       Que, suponiendo válida la declaración de administradores que ostentan los reclamantes, estos no tienen hoy ni aun acredita­da su personalidad.

            Y, por último, que, siendo también posible la falta de titula­ción legítima o, en otro caso, la redención del censo que se declara, no debe atenderse en manera alguna la solicitud de los reclamantes mientras no presenten en su favor otras pruebas y documentos que acreditante sin género alguno de dudas que son los únicos que tienen derecho a percibirlas cantidades que se declaran".

            Menos mal que, como se ve, los sufridos munícipes supieron esquivar hábilmente la aleluya del último de los Ortega, el cual -porque acaso dormitara sobre los laureles de su principalía- permanecía igno­rante de las graves circunstancias que el pueblo atravesaba.

            A un extremo tal llegó la situación, que por la Corporación municipal, integrada por don Cándido Venegas, don Narciso Calleja Galindo, don Ignacio Arcos Albarrán, don Francisco Rivera Palacios, don Antonio Fontán, don Antonio Moreno Guerrero, don José Barragán Palacios, don José de Castilla y Grajera, don Antonio Rivera, don Mar­cos Alvarado, don Manuel Arcos, don Juan Rivera, don Ramón Rivero y don Ignacio Vázquez, puesto que el paro era casi absoluto, se acorde dar, para su explotación, la llamada Dehesa Boyal a aquellos vecinos que lo solicitarán. Como se sabe, esta dehesa -que era uno de los escasos bienes que a la sazón restaban al Municipio- desde antiguo estuvo destinada al pasto de ganado vacuno de los vecinos y morado­res de la villa.

            Sus límites eran: al norte, la senda de los Sayales; al sur, la ribera de Benalija; al este, la dehesa del Hornillo, y al oeste, el arroyo de los Molinos. De las 350 fanegas de cabida de trigo de sembradura de que constaba la citada dehesa, se hicieron lotes de cuatro fanegas cada uno, y fueron entregados a aquellos vecinos que, al tiempo de contrato dispusieron de los 56 reales que fijó el Ayuntamiento a título de impuesto.

            Lógicamente, la precedente medida minifundista, amén de revelar la buena voluntad de los regidores, en poco remediaría el decisivo malestar. Por ello, en 1869, ya puestos a probar todas las suertes se dirigen a las Cortes en los angustiosos y aduladores términos que sigue:

            "... La desamortización, a no dudarlo, un principio fecundo y positivo de prosperidad, que, abriendo un extenso campo al interés privado, viene a redundar en beneficio y fomento de la riqueza individual y colectivamente considerada. Pero por razones de Estado y la conveniencia general exigen la reforma de las leyes desamortizadoras para que el pueblo pueda ser partícipe de aquellos beneficios, no menos la reclaman circunstancias especiales de algunas localidades que, como ésta, puramente agrícola, no contaba con otros elementos de vida más que disfrute común de sus terrenos baldíos, que estos laboriosos vecinos a costa de muchos trabajos y sacrificios, habían metido en condiciones de aprovechamiento y cultivo.

            Consecuente, pues, a la Ley de desamortización de primero de marzo de mil ochocientos cincuenta y cinco, y no obstante que el aprovechamiento común de terrenos baldíos de que antes se hace méritos practicado, consentido y respetado desde tiempo inmemorial, han enajenados en su mayor parte y pasado a manos de un corto número de compradores, dejando por consecuencia reducida repentina-te a esta población a la más espantosa miseria.

            Poco queda que enajenar; pero, sin embargo, haciéndose un reparto a censo recensativo entre los vecinos pobres, podría repararse en algún tanto el daño causado. Y a este propósito se dirige el Ayun­tamiento de esta villa a los diputados de la Nación don Manuel Carrasco, don Antonio Ramos Calderón y don Federico Caro, inclinando su ánimo para que, prestando apoyo con su palabra y voto al proyecto de que ha presentado a las Cortes los señores Bueno, García Ruiz y otros diputados referentes a los bienes propios y baldíos, se alivie en lo posible la triste y angustiosa situación en que se halla la clase pobre esta localidad..."

            Del nulo eco que tuviera esta exposición de idea el que, al mes siguiente, el Gobierno Civil extendiera autorización para deslindar la dehesa del Hornillo, que había sido adquirida por el vecino de Ahillones don Eduardo Maeso de la Fuente en pública subasta. Y esto, ya, acabó con la paciencia del Ayuntamiento, el cual, tan vencido como desmoralizado, en 28 de agosto de 1870 otorga poder al diputado constituyente vecino de Sevilla don Manuel Pastor y Landero para que ante el Go­bierno Civil gestione autorización para vender el resto de los propios. Y el 10 de septiembre del año siguiente, se recibió un despacho del Ministerio de Hacienda por el que se autorizaba la enajenación de la dehesa del Encinar, último reducto del estrago desamortizador.

            Al propio tiempo, también dentro de la misma población se hace notar, si de distinta índole, la tónica expropiatoria que dio el siglo, aquí es la Junta Provisional Revolucionaria, que, en 1868, anticlerical ella, consiguió del Ayuntamiento que se subastase el hospital de Santiago, sito en la calle de San Sebastián, yéndose a instalar la entidad benéfica a la llamada bodega del Sol, de la calle de los Milagros, que, por ser propia del Estado, fue necesario instruir el oportuno expediente. Y, seguidamente, se apropia de las iglesias de San Vicente. Los Milagros y la Concepción, poniéndolas a disposición del Ayuntamiento, a fin de que éste las destine a alguna utilidad pública material. Sale al paso el alcalde, don Antonio Moreno Guerrero, argumenta que, para realizar legalmente tal despojo, es preciso el consentimiento del Go­bierno de la nación; pero que no estaba del todo resuelto a defender los edificios señalados lo prueba el hecho de que, cuando el cura de Santa María, don Juan Climaco Roda, eleva ante el Gobierno Civil una enérgica protesta en tal sentido, la primera autoridad local informa, por orden del gobernador, que un pueblo que sólo tiene cinco mil almas, con las tres parroquias con que cuenta puede perfectamente subvenir sus necesidades espirituales. Sin embargo, y a pesar de lo adverso de los tiempos, en esta ocasión sí prosperó la gestión de la curia.

            En 4 de octubre de 1868, la Municipalidad, presidida por don Leonardo Castelló y Donoso, tomó el acuerdo que sigue:

            "El Ayuntamiento de Guadalcanal, como fiel intérprete de los deseos de sus administrados y cumpliendo, a la vez, con un deber de conciencia por parte de todos los individuos de que aquél se compone, ha acorda­do por unanimidad que la calle de Camachos de esta población sea conocida y rotulada con el preclaro nombre de López de Ayala.

Los hijos de este pueblo que vieron nacer al poeta insigne honra de las letras españolas, recuerdan orgullosos a su paisano y tributan el homenaje de su gratitud y cariño.

            Su talento y tacto, su constancia y arrojo, han influido eficazmente por la salud y libertad de la patria. Por ello, quieren dejar escrito con caracteres indelebles la memoria y servicios de tan esforzado patricio.

            Cuyo acuerdo original se remite a dicho señor para su satisfacción fines propuestos".

 Hemerotecas